domingo, mayo 20, 2007

La nueva diáspora

Esto lo escribí en el ya lejano 2001 cuando acababa de llegar a Canadá y sentía que tenía que dar (darme) una explicación a la mudanza, al desplazamiento; muchas de las cosas que dije entonces siguen siendo válidas, como siempre me gustaría que me dijeran que piensan, pero si no me quieren decir también es válido. Suena la radio de Berklee, Air Alumni...


La nueva diáspora



Quizás porque crecimos con MTV salimos a buscarla. Somos una generación que creció frente a la televisión, primero con Teleantillas y luego con Telecable. Tuvimos a Balaguer de presidente por 10 años, igual que nuestros padres lo tuvieron por 12, pero nuestras memorias sobre ese período de nuestras vidas son diferentes a las de nuestros padres y no solamente por vivencias diferentes sino también por carencia de ellas.

Ahora que estamos en la treintena, que nos graduamos de la universidad, que somos padres o madres de familia, a diferencia de nuestros padres y madres que lucharon contra un gobierno cuasi dictatorial, que fueron testigos de la desmovilización intelectual post-78, que asistieron al nacimiento de la nocturnidad, nosotros nos hemos ido al exilio, algunos ahora físicamente, aunque estuvimos exiliados interiormente. Nuestros gustos musicales, nuestras lecturas, nuestra educación (mayoritariamente pequeñoburguesa y bilingue) nos convirtió en eso contra lo que nuestros padres lucharon, aquí no hubo parricidio, Saturno no devoró a sus hijos, los convirtió en objeto de desprecio, y nosotros convertimos a nuestros padres en objeto de escarnio y nos exiliamos para no enfrentarlos.

Este exilio no es el exilio de los 60 o los 70, no tiene una motivación política, más que exilio es “fuga hacia adelante”, no huimos de una situación política agobiante o peligrosa, como en los 60-70, no somos los expulsados de una crisis económica agobiante como en los 80, nuestro exilio es una apuesta al futuro, es una negación de nuestro presente porque no queremos que se repita nuestro pasado. Salimos a buscarnos a nosotros mismos, porque nuestra búsqueda interior no nos proporcionó un locus apropiado.

Hemos pasado nuestra primera juventud enclaustrados en un Santo Domingo que se derrumbaba frente a nuestros ojos, motivo por el cual nos refugiamos en la Zona Colonial, único enclave citadino donde había una percepción de estabilidad. Somos postmodernos, por ello mismo necesitamos las anclas. Nuestra nocturnidad se adueñó de “la Zona” y al mismo tiempo construyó un nuevo enclave nocturno en el Piantini y el Naco que fueron en nuestra niñez reflejo de la riqueza y del estatus social y económico.

Esperamos lo mejor para nuestro país, pero necesitamos resolver unas cuantas urgencias vitales, nuestras elecciones afectivas nos empujan a buscar afuera aquello que no se nos ofrece adentro. El efecto demostración no es solamente patrimonio del “dominican york” como algunos autores premiados de hoy en día pretenden sino que también está presente en la cotidianidad cultural de una generación que, precisamente por insular, está siempre oteando otros horizontes y buscando, buscándose en una alteridad que de tanto sentirse y verse se ha hecho propia. Somos los otros de nosotros mismos, seguimos buscándonos, nos hemos encontrado. ¿Volveremos?, si la respuesta es afirmativa entonces tendríamos que preguntarnos ¿Adónde?.

martes, mayo 15, 2007

Steve Jobs en Stanford en el 2005

Esto son 15 minutos muy bien empleados, no se puede esperar menos de este señor. Ahora mismo estoy oyendo a Mr. Clicka en su página de My Space.