viernes, julio 28, 2006

De musica y vainitas

La vaina arrancó en una conversación con Nassef quien me dijo que si se tenía que sentar a escuchar la música con calma entonces no le gustaba...y por ahí nos fuimos en una discusión sobre las maneras diferentes de oir música. El asunto es que, como bien me dijo Nassef en la misma conversación: Acuérdate que yo crecí en los 80s, me gusta la música por canciones o artistas, entonces me acusó de setentero (lo cual es casi verdad) por escuchar cds completos, por sentarme a oir música, sus palabras textuales fueron: ''tu eres setentero... cuando tal cosa como el "concept album" existia'', lo cual es una acusación muy seria sobre todo si se le agrega que pertenezco a una generación previa al Greatest Hits como fenómeno universal.

El asunto me llevó a pensar (combinándolo con un artículo sobre la muerte de la tienda de discos que Leo Susana me mandó) en cómo consumimos música ahora, con los Ipod y Itunes y demás yerbas. Tengo un tío político que es una biblia en rock y country de los 50 y 60 y el jevo es un shuffler, siempre lo ha sido, en la época de los LP, compraba un LP por una o dos canciones, las grababa en cassettes y guardaba el LP en su plástico original (hoy día tiene una colección de más de 3,000 discos que debe valer unos chelitos groseros). Yo todavía me siento a oir música, de hecho siempre oigo un cd completo al menos una vez.

Los músicos de ahora (perdón por la generalización) parecen hacer los discos con el concepto del ''ripeo'' en la cabeza, o sea tiran un cd con una o dos canciones buenas, hay excepciones, por ejemplo Elephant de The White Stripes tiene como 5 canciones buenas, jejeeje. Entonces el asunto es ¿cómo oyen ustedes música?, ¿se dan el cd entero o no? ¿oyen la música en shuffle?, na que como siempre quiero saber, es más voy a ver que me tira el shuffle del Ipod, jejejee...

Tiró Cold Sweat de James Brown...

lunes, julio 10, 2006




“El matrimonio de Cadmo y Harmonía”


Roberto Calasso es uno de esos descubrimientos literarios que uno debe agradecer de por vida, en mi caso se lo debo, como muchas otras cosas, a Luis O. Brea Franco.

El primer libro de Calasso que cayó en mis manos fue La Ruina de Kasch, libro fabuloso en el cual el autor trata sobre dos temas: “Talleyrand y todo lo demás” de acuerdo con Italo Calvino, pero si este libro trata sobre los orígenes del Pensamiento Moderno, así con mayúsculas, “El matrimonio de Cadmo y Harmonía” trata sobre el origen de Occidente como entidad mental. “Calasso ha recreado, en un resplandor de luz, el amanecer de nuestro mundo” para decirlo en palabras de Gore Vidal.

Para un dominicano, clase media, del siglo XXI, éste es un texto importante; ahora cuando hay corrientes que pretenden negar nuestra pertenencia a Occidente, la lectura de Calasso nos recuerda, en el mejor sentido platónico, nuestro envolvimiento en ese corpus mitológico que es Occidente.

Haciendo uso de La Ilíada, La Odisea, el canon literario de la Grecia Clásica y Pre-Clásica y de la Patrística, Calasso nos va llevando de la mano por el origen de los mitos, narraciones y ritos que habrían de marcar el inicio de nuestro imaginario mental. Su vision del mundo pagano en todo su esplendor nos da las claves de cómo los primeros cristianos fueron adaptando aquel espacio a su realidad y creencias para luego eclipsarlo totalmente.

La pregunta clave de este libro es: ¿Cómo empezó todo? y Calasso intenta responderla haciendo uso de un saber enciclopédico que, en el siglo XXI, es una reliquia del pasado. Si Oriente es una categoría creada por el Imperio Británico del siglo XIX y sus mastines literarios (Conrad, Kipling) al decir de Edwar Said, Occidente data de mucho antes, desde que los romanos fueron conquistados culturalmente por los griegos, así nace una etiqueta que se expandiría como mancha de aceite por todo el Imperio, no olvidemos que Pablo de Tarso hacía galas de su ciudadanía romana (Civis Romanus Suum), sin menospreciar ni dejar de lado su origen judío (Fariseo, hijo de fariseos, educado a los pies de Gamaliel), al tiempo que escribía en griego koyné. A esa multiculturalidad pre-cristiana es a la que apela Calasso para mostrarnos en todo su esplendor de donde venimos.

Como haría luego en “La Ruina de Kasch”, “El matrimonio de Cadmo y Harmonía” trata sobre una variedad inmensa de temas: lo erótico, las relaciones entre los dioses y los mortales, la ira, el símbolo, el poder y sus consecuencias, la guerra, los viajes, la memoria y un largo etcétera imposible de abarcar aquí. No se necesita tener la cultura pantagruélica de Calasso para disfrutar el libro, pero sí los ojos y la mentalidad bien abiertas para poder reconocerse como perteneciente a una corriente de pensamiento que arrancó hace más de 3,500 años con el Oráculo de Delfos y no se ha detenido aún.

Suena "Last Fair Deal Going Down" (Eric Clapton covering Robert Johnson)